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UN ELEGIDO MAS: HORACIO NARCISO DOVAL
Aquel pibe que nació en el barrio de Palermo un 4 de enero de 1944, que a los 9 años por el fallecimiento de su padre se tuvo que ir a un colegio Salesiano de Benavides y pasaba todo su tiempo libre con la pelota en sus pies, se encontró en 1962 debutando en la primera de San Lorenzo, aunque en un partido amistoso.
Pero la historia demostraría que no fue un amistoso más.

Se jugaba la copa Jorge Newbery y muchos jugadores del Ciclón estaban con la Selección en el Mundial de Chile. El rival era Racing y la delantera cuerva alistó, junto a Doval, a Telch, Arean, Veira y Casa. Ganó San Lorenzo 3-1 con un baile infernal.

Fue el bautismo de LOS CARASUCIAS que deslumbrarían, dos años más tarde.

Coincidieron en la manera de ver y practicar el fútbol, potrero puro, pero también en la manera de transitar por los años juveniles. Con el mismo desparpajo con que se movían en la cancha con la camiseta azulgrana, irrumpían bajo las luces del centro. Horacio Narciso Doval y Héctor Veira fueron una pareja célebre, no específicamente por formar un tándem, sino por compartir los sentimientos. En los Carasucias de 1964, junto con Arean y Casa, deleitaban con el juego y si bien no se consagraron campeones valió siempre la pena pagar una entrada para empacharse de fútbol.

El Loco era un gran tipo y como muestra de ello quedó aquel incidente de 1967 en un vuelo entre Mendoza y Buenos Aires en el que se trasladaba el plantel de San Lorenzo en el que hubo acusaciones de alguna mano pícara en una azafata con un buen venir, pero un excelente ir. Se sabe que Doval se hizo cargo del incidente para que no se perjudicara un compañero casado y de selección nacional. Y eso le costó una suspensión de un año, es decir quedar afuera el campeonato de 1968. Por eso Horacio fue, además de CARASUCIA, EL MATADOR QUE NO JUGÓ.

En 1969, Tim se lo llevó al Flamengo. Y aquí hacemos un parate.

No se tiene real dimensión de lo que Doval fue en Brasil. Allá tanto en Flamengo como en Fluminense fue ÍDOLO pero en serio, a nivel de disputarle nada menos que a Pelé los elogios del periodismo al mejor jugador de ese país, en el qué fue nombrado "Ciudadano Honorario".

En Flamengo: (de 1969 a 1975) jugó: 263 partidos y marcó 92 goles. Fue campeón carioca en el 72 y 74, campeón de Taça Guanabara en 72 y 73 y ganó el Torneo de Povo en 1970.

Con el Fluminense ganó el campeonato carioca de 1976.
Fue dos veces máximo goleador del campeonato, en 1972 para el Flamengo (16 goles) y en 1976 para el Fluminense (20 goles).
Justamente ese traspaso de un club brasileño a otro (debido a un entredicho que el loco tuvo con Yustrich, técnico de ese entonces del Flamengo, que pretendía que el Loco se cortara el pelo, demostrando que el disparate no fue inventado por Passarela) originaron tanta bronca que hasta Jorge Ben, un cantante popular de Río de Janeiro e hincha del Fla, compuso la canción Troca-Troca (cambio-cambio) haciendo referencia a la barbaridad que se había cometido.

En 1979 Doval regresa a San Lorenzo, a un equipo bastante pobre y en el comienzo de la peor época del CASLA. Jugó poco y nos dejó algunos goles, pero nunca terminó de entender el juego de Bilardo, aunque a fuerza de ser sinceros, físicamente no estaba los 10 puntos que el Narigón exigía.

Contabilizando las dos etapas como jugador del CASLA (1962 al 68 y 1979) jugó 112 partidos y convirtió 40 goles. En los comienzos de los 80 finaliza su carrera como jugador en Estados Unidos donde jugó para el Pipsburg y el New York United.
Estaba radicado en Brasil cuando Horacio Narciso Doval, "El Loco" para nosotros, El Gringo, para los brasileros estaba de visita en Argentina un 12 de octubre de 1991, un día como hoy. A la salida de la disco New York City, falleció por un paro cardíaco.
Nos quedamos con las palabras de hace algunos años del Toscano Rendo:

"Si había una lista de 100 personas que debían morir, él era el 101".
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